¿Algo más que auditores de cuentas? | Gregorio Labatut Serer

¿Algo más que auditores de cuentas?

¿Algo más que auditores de cuentas?.

Un estudio  elaborado por Wolters Kluwer España según Europapress, pone de manifiesto que el 70 % de las empresas auditadas contrata a los auditores para la prestación de servicios adicionales al de la revisión de las Cuentas Anuales. En el estudio se indica que estos servicios adicionales, en su mayoría se centran en el asesoramiento en materia fiscal, cumplimiento normativo, procesos de ‘due dilligences’ y servicios de valoración de empresas.

Se pone de manifiesto que el 74% de las empresas encuestadas consideran que los auditores juegan un papel fundamental en la gestión administrativo-financiera, de cara a la perfección de la gestión contable y mejora de los procesos. Por lo tanto, esto supone que el auditor asume otros tipos de trabajo distintos al de la revisión de las cuentas.

 Lo cual nos hace pensar sobre la relación entre la el auditor y el cliente, teniendo muy en cuenta que esta relación no puede, ni debe constituir amenazas a la independencia del auditor. Ya que el auditor está obligado por la Ley de Auditoria de Cuentas (LAC) a establecer el oportuno sistema de salvaguarda para su evaluación, y en su caso proceder a su eliminación.
 
En concreto el art. 8 de la LAC regula la independencia del auditor, cuestión importantísima.

En el art. 8 de la LAC, se indica que “Los auditores de cuentas y las sociedades de auditoría deberán abstenerse de participar en el proceso de toma de decisiones de la entidad auditada……”.

Las posibles amenazas a la independencia del auditor pueden proceder de factores como la autorrevisión, interés propio, abogacía, familiaridad o confianza, o intimidación. Si la importancia de estos factores en relación con las medidas de salvaguarda aplicadas es tal que compromete su independencia, el auditor de cuentas o la sociedad de auditoría se abstendrán de realizar la misma.

En cualquier caso, la LAC en su art. 8 prohíbe para el auditor la llevanza material o preparación de los estados financieros u otros documentos contables de la entidad auditada.

También, se prohíbe “la prestación a la entidad auditada de servicios de valoración que conduzcan a la evaluación de cantidades significativas, medidas en términos de importancia relativa, en los estados financieros u otros documentos contables de dicha entidad correspondientes al período o ejercicio auditado, siempre que el trabajo de valoración conlleve un grado significativo de subjetividad”.

Hay que tener especial cuidado con los honorarios recibidos, ya que según la LAC, es motivo de incompatibilidad, “la percepción de honorarios derivados de la prestación de servicios de auditoría y distintos del de auditoría a la entidad auditada, siempre que éstos constituyan un porcentaje significativo del total de los ingresos anuales del auditor de cuentas o sociedad de auditoría, considerando la media de los últimos tres años.”

En este sentido, es motivo de incompatibilidad, “La prestación a un cliente de auditoría de servicios de diseño y puesta en práctica de sistemas de tecnología de la información financiera, utilizados para generar los datos integrantes de los estados financieros de dicho cliente, salvo que el cliente asuma la responsabilidad del sistema global de control interno o el servicio se preste siguiendo las especificaciones establecidas por el cliente, el cual debe asumir también la responsabilidad del diseño, ejecución, evaluación y funcionamiento del sistema.”

Finalmente en el estudio presentado por Wolters Kluwer España, también pone de manifiesto que las empresas auditaras son reacias al cambio de auditor. Se pronuncian sobre posibles cambios en el servicio de auditoría, siendo la rapidez y un mayor conocimiento del sector o de la empresa las causas más comunes de cambio, aunque la mayoría reconoce que no cambiaría de auditor.

No obstante, según el art. 8 quáter de la LAC “Los auditores serán contratados por un período de tiempo determinado inicial, que no podrá ser inferior a tres años ni superior a nueve a contar desde la fecha en que se inicie el primer ejercicio a auditar, pudiendo ser contratados por periodos máximos sucesivos de tres años una vez que haya finalizado el periodo inicial. Si a la finalización del periodo de contratación inicial o de prórroga del mismo, ni el auditor de cuentas o la sociedad de auditoría ni la entidad auditada manifestaren su voluntad en contrario, el contrato quedará tácitamente prorrogado por un plazo de tres años.”

En consecuencia, como decía Baltasar Gracian (1601-1658) “La confianza es madre del descuido”, por lo que debe ser aplicado a la auditoria, y si bien en la voluntad inicial del legislador esta establecer la rotación del auditor y del equipo de auditoria, lo cierto es que mediante la excusa de las prorrogas puede quedar un poco desvirtuada.

Ahora bien, tratándose de entidades de interés público, o de sociedades cuyo importe neto de la cifra de negocios sea superior a 50.000.000 de euros, una vez transcurridos siete años desde el contrato inicial, será obligatoria la rotación del auditor de cuentas firmante del informe de auditoría, debiendo transcurrir en todo caso un plazo de dos años para que dicha persona pueda volver a auditar a la entidad correspondiente

Finalmente, y según el art. 264 de la Ley de Sociedades de Capital, debe ser la Junta General de socios la que nombre al auditor de cuentas. En el estudio de Wolters Kluwer España se confirma que el 75 % de las 265 firmas que componen la muestra de estudio opinan que debe ser la dirección económico-financiero quien proponga al auditor al Consejo y a la Junta General.

Un saludo a todos

 

1 Comentario | Leído 433 veces

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Una respuesta a “¿Algo más que auditores de cuentas?”

  1. CONSTANTINO COCO NAVES dice:

    Transcribo: “(…) el 74% de las empresas encuestadas consideran que los auditores juegan un papel fundamental en la gestión administrativo-financiera, de cara a la perfección de la gestión contable y mejora de los procesos. Por lo tanto, esto supone que el auditor asume otros tipos de trabajo distintos al de la revisión de las cuentas.

    Es muy cierto que los auditores desempeñan ese papel, pero no lo es tanto que tal desempeño suponga que con ello asumen otros tipos de trabajos distintos de la revisión de cuentas. El auditor, sin salirse de su función, puede y debe contribuir a que entidad auditada mejore sus procesos contables y administrativos dando los oportunos consejos (de hecho está indicado que al final de la auditoría se emita una carta de recomendaciones). No puede quedarse impasible ante la mala praxis de la auditada, sino que debe orientarla para que rectifique sus errores dentro del mismo ejercicio que se audita o en otros posteriores, de modo que el número de salvedades pueda tender a cero, Es más: sin salirse de su trabajo de auditor éste debería ser consultado a lo largo del ejercicio cuando a la auditada le surjan dudas en el tratamiento contable de concretas operaciones.

    Transcribo: En consecuencia, como decía Baltasar Gracián (1601-1658) “La confianza es madre del descuido”, por lo que debe ser aplicado a la auditoria, y si bien en la voluntad inicial del legislador esta establecer la rotación del auditor y del equipo de auditoría, lo cierto es que mediante la excusa de las prorrogas puede quedar un poco desvirtuada.

    Por lo que se refiere a la permanencia del mismo auditor en una misma empresa a lo largo de muchos años, creo que es buena para el resultado final de su trabajo en cuanto que éste puede ser mucho más completo y fundamentado cuando se tiene un amplio conocimiento histórico de la entidad auditada y una información actualizada de su desenvolvimiento. El auditor, cada año, aunque hayan pasado muchos, descubre en la empresa nuevas cosas que antes no había visto y, sobre todo, conoce mejor la calidad humana, buena o mala, de las personas responsables de la dirección. Todo ello le proporciona una amplia perspectiva que opera a favor de la ecuanimidad de sus juicios profesionales. La continuidad en la relación profesional es tan buena con el auditor como pueda serlo con el notario, con el registrador de la propiedad, con el abogado, con el profesor o con el médico.

    Sin que yo pretenda corregir a Baltasar Gracián, no deja de ser cierto que las generalizaciones y los proverbios no son siempre buenos cuando se aplican al caso particular, por mucho que tengan un fondo de verdad y encierren en sí una moraleja. Está bien la prudencia, pero no la sospecha. El mucho y prolongado trato entre las personas, en el plano de la vida ordinaria de los individuos, no tiene por qué ser causa de familiaridades perversas si se está entre personas con un mínimo de educación y de sentido del debido respeto a la intimidad y la dignidad del otro. De igual modo, no tiene por qué ser causa de connivencia indeseable una larga duración en las relaciones profesionales entre auditor y auditado cuando cada uno, y será lo normal, sepa mantenerse en el sitio que le corresponde, como no tiene por qué serlo la relación entre un notario, un registrador o un abogado en relación con sus clientes, de un médico con sus pacientes o de un profesor con sus discípulos.

    El inconveniente para mantener la independencia no es tanto éste cuanto el que, a renglón seguido, expongo.

    Hay un poderoso enemigo (“de amplio espectro”) de la independencia del auditor –o la de cualquier otro profesional que deba tenerla, y hay muchos– al que, fuera del mayor o menor porcentaje que representen los honorarios de la auditoría respecto de los de otros servicios distintos de ésta que el auditor pueda prestar al auditado, no se le ha dado ningún tratamiento que lo neutralice. Me refiero a la regulación meramente mercantil, de proveedor-cliente, por la que se rigen sus relaciones. El auditor vive de los honorarios que concierta con sus clientes, los auditados; y es por ello que cuando el auditor adopta una posición profesional rigurosa y hace constar en su informe salvedades que no gustan a su cliente, la relación chirría. El auditor es un proveedor de servicios que no puede ganarse a sus clientes dándoles lo que ellos desean recibir, sino que muchas veces les pasa la factura por decirle, públicamente, además, las verdades del barquero, ante lo cual la reacción del cliente puede ser bastante previsible.

    Me contaba hace poco un colega cómo un cliente suyo, de muchos años, ante la necesidad de disponer de un informe de auditoría en un muy corto plazo de tiempo, o sea, de imposible realización en él, le dijo impávido: vamos a tener que “saltarte” en este asunto porque conocemos cuál es tu forma de trabajar. He aquí una manifestación de desprecio del trabajo bien hecho y de cómo éste puede actuar en detrimento de los ingresos del auditor.

    Termino dejando una cruda pregunta en el aire: grande o pequeño (sólo es cuestión de proporciones), héroes aparte, ¿puede alguien ser verdadera y realmente independiente de quien le paga?

    Fdo. Constantino Coco Naves.
    Auditor.
    Censor Jurado de Cuentas.

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